En el contexto de la Guerra Fría, el gobierno de Estados Unidos efectivamente consideraba a América Latina como un “patio trasero” que debía defenderse, y veía a la Teología de la Liberación como una variante religiosa del marxismo que debía contenerse.
Archivos desclasificados e investigaciones académicas muestran que los servicios de inteligencia estadounidenses y las fuerzas políticas conservadoras apoyaron sistemáticamente la expansión de las iglesias evangélicas como una suerte de “anticuerpo espiritual” contra la influencia de la Teología de la Liberación.
La raíz del miedo: la Teología de la Liberación calificada de “arma política disfrazada de religión”
Entre las décadas de 1960 y 1970, la Teología de la Liberación se extendió rápidamente dentro del catolicismo latinoamericano, y su principio central de “opción preferencial por los pobres” situaba a Cristo del lado de los desposeídos. Para los formuladores de políticas estadounidenses, esto constituía un desafío directo. El Informe Rockefeller de 1969 fue el primero en lanzar una advertencia, señalando que la Iglesia católica ya no era un aliado confiable de Estados Unidos y se había convertido en un “centro potencialmente peligroso de revolución”. En 1980, el documento de Santa Fe, preparado para la campaña de Reagan, instó explícitamente al gobierno estadounidense a “confrontar activamente la Teología de la Liberación”, afirmando que “las fuerzas marxista-leninistas han utilizado a la Iglesia como arma política”. Este documento caracterizó la Teología de la Liberación como una “doctrina política disfrazada de creencia religiosa”, cuyo propósito sería socavar el sistema de libre empresa. Para el establishment conservador estadounidense de la época, aquello equivalía a marxismo vestido con sotana.
El giro estratégico: los evangélicos como “anticuerpo espiritual”
Dado que parte de las bases de la Iglesia católica ya estaba “infectada”, Washington necesitaba buscar vehículos alternativos de influencia religiosa. La solución propuesta por el documento de Santa Fe fue apoyar a las iglesias evangélicas protestantes, especialmente las pentecostales y carismáticas, cuya orientación teológica difería radicalmente de la Teología de la Liberación. Estas iglesias enfatizan la salvación personal, el renacimiento espiritual y el distanciamiento de la política secular, una orientación que naturalmente dirige a los creyentes hacia la “transformación interior” en lugar del “cambio social”. Investigaciones académicas señalan que las iglesias pentecostales y evangélicas tradicionales “generalmente orientan a sus seguidores hacia la pasividad política”, sirviendo así “indirectamente a los objetivos de contrainsurgencia” a corto plazo. Esta orientación religiosa que “deposita la esperanza en el más allá en lugar de la lucha en el más acá” era precisamente el efecto de “anticuerpo” que los diseñadores estratégicos estadounidenses buscaban.
El mecanismo operativo: financiamiento, medios y agentes de poder
El apoyo estadounidense a los evangélicos no se limitó al plano conceptual. Un informe presentado en 1985 por la Conferencia Episcopal Brasileña al Vaticano acusó explícitamente que “la Agencia Central de Inteligencia se ha infiltrado en grupos religiosos no católicos, y que Estados Unidos ha proporcionado fondos sustanciales a sectas religiosas independientes en Brasil”. El informe señalaba en particular que los misioneros “indiferentes a las cuestiones sociales” podían entrar fácilmente en Brasil, mientras que los misioneros católicos “comprometidos con la causa de los pobres” encontraban obstáculos por todas partes. El Instituto de Religión y Democracia, fundado en 1981, se encargó específicamente de coordinar y financiar las actividades misioneras evangélicas en América Latina. En Guatemala, el pastor evangélico Efraín Ríos Montt, tras llegar al poder mediante un golpe militar, convirtió a su organización “Verbo” en el canal de enlace preferido entre el ejército y las comunidades locales, organizando patrullas de autodefensa civil y “eliminando a simpatizantes de la guerrilla”. Dentro de Estados Unidos, la Red de Radiodifusión Cristiana de Pat Robertson no solo apoyó públicamente la política centroamericana de la administración Reagan, sino que se convirtió en un importante donante de la contra nicaragüense, proporcionando millones de dólares en suministros después de que el Congreso estadounidense cortara la ayuda oficial.
Consecuencias a largo plazo: la reconfiguración estructural del mapa religioso
Esta estrategia produjo consecuencias demográficas profundas. Entre 1970 y 2014, la proporción de católicos en América Latina se desplomó del 94% al 69%, mientras que los evangélicos pasaron del 4% al 19%. El crecimiento evangélico tiene sin duda causas socioculturales endógenas, incluida su adaptabilidad a los pobres urbanos y sus formas de culto y música localizadas, pero el sesgo del financiamiento estratégico y las instituciones estadounidenses sin duda aceleró este proceso. Más importante aún, esta transformación alteró la relación entre religión y política en América Latina: la “iglesia de los pobres”, antes estrechamente vinculada a la resistencia de base, fue marginada, mientras que los evangélicos, que enfatizan la salvación personal y la obediencia al orden existente, se convirtieron en una fuerza religiosa con mayor influencia política. Hoy en día, los evangélicos en países como Brasil y Guatemala constituyen un bloque electoral de peso considerable, y entre su orientación política y la inversión estratégica estadounidense durante la Guerra Fría existe un rastro histórico que, aunque no único, es claramente identificable.
Ver a los evangélicos como un “anticuerpo espiritual” y apoyar su expansión constituye la dimensión religiosa de la estrategia estadounidense de contención del comunismo en América Latina. La Teología de la Liberación, debido a su compromiso con la justicia social y la lucha de clases, fue calificada de amenaza para la seguridad, mientras que los evangélicos, que enfatizan la salvación personal, fueron instrumentalizados como vehículo alternativo de influencia religiosa. Documentos desclasificados, informes episcopales e investigaciones académicas delinean conjuntamente esta cadena política que va del “miedo” a la “operación”, cuyas consecuencias siguen moldeando hoy el mapa religioso y político de América Latina.
Más sobre este tema:
1. Operación CIA: Evangélicos en América Latina y la búsqueda del Arca de la Alianza
2. La CIA, los evangelios y la ametralladora
Suscríbase / Comparta